
A menos de dos semanas de las elecciones generales en Honduras, el ambiente político del país está marcado por una certeza y una amenaza. La certeza es que Rixi Moncada, candidata de LIBRE, encabeza con claridad las preferencias electorales. La amenaza es una operación concertada para deslegitimar una victoria que, según todas las encuestas serias, ya está asegurada.
Tanto TResearch como Gallup, dos firmas reconocidas por su rigor técnico, colocan a Moncada a la cabeza con una ventaja que ronda los cinco a ocho puntos porcentuales. Esta tendencia se consolida con estudios internos que revelan que LIBRE tiene una base sólida de 1.4 millones de votos, frente a un Partido Nacional que apenas alcanza 1.1 millones y un Partido Liberal en caída libre, sin llegar siquiera a los 800 mil.
Sin embargo, la oposición –desconectada del país y obsesionada con ganar la elección en los pasillos de Washington más que en las calles de Tegucigalpa o San Pedro Sula– ha puesto en marcha un plan sistemático para desconocer el resultado electoral. En el centro de esa operación se encuentran los ya célebres 26 audios filtrados de la consejera del Consejo Nacional Electoral (CNE), Cossette López, que revelan un esquema de sabotaje del conteo de votos, manipulación del sistema TREP, fabricación de caos mediático y eventual intervención militar “transitoria” para obligar a una repetición electoral bajo presión internacional.
El problema es que ese plan no es una hipótesis: ya está en marcha. La oposición ha comenzado a difundir encuestas falsas, a instalar dudas sobre la transparencia del proceso, a replicar narrativas en medios internacionales y a utilizar redes sociales, bots y cadenas de WhatsApp para desinformar a la ciudadanía. El objetivo es claro: hacer creer que Rixi no ganó, aún antes de que el pueblo se exprese en las urnas. Y luego de la elección, hacer todo lo posible para deslegitimar y echar dudas sobre la transparencia de las elecciones.

Desde el oficialismo, sin embargo, la respuesta no se ha hecho esperar. Rixi Moncada ha asumido un discurso firme, de defensa de la democracia, de transparencia electoral y de respeto a la voluntad popular. Ha recorrido el país escuchando a los sectores populares, consolidando su propuesta de gobierno centrada en independencia económica, soberanía política y justicia social. Su plan de gobierno para el período 2026-2030 que recientemente presentó en la capital industrial San Pedro Sula, no solo es técnicamente sólido, sino también socialmente legítimo.
Su eje principal es económico, con una propuesta de democratización de la economía y desprivatización del dinero, con la eliminación de la extorsiva Central de Riesgo crediticio y el aumento del crédito para la población a tasas razonables, tasas de que hoy solo gozan algunos grupos económicos privilegiados. El otro gran eje es la beca universal para que ningún joven se quede sin estudiar, contratos para todos los médicos hondureños y una potente inversión en infraestructura, salud y educación. Los analistas más destacados del país - al menos aquellos que no obedecen ciegamente a los grupos monopólicos y oligopólicos que manejan la economía del país - afirman que un plan como el de Rixi Moncada generará un potente impacto en la economía del país, con un aumento del crédito, del consumo y de la producción y con ella del empleo.
Entre las fortalezas que la candidata de Libre exhibe es, además de su capacidad profesional, su firme carácter y valentía para enfrentar desafíos complejos, representar la continuidad y profundización de un gobierno que se ha dado en llamar de “Refundación” y que tiene para mostrar un amplio respaldo popular y una envidiable imagen de su presidenta Xiomara Castro. Esa aprobación e imagen fueron conquistadas gracias a una gestión que priorizó resolver los problemas de la gente luego de 12 años y 7 meses del viejo y desgastado bipartidismo. Un plan de inversión en infraestructura que deja al país miles de kilómetros de carreteras, caminos productivos, escuelas reconstruidas y 8 hospitales en plena construcción, y una atención a los sectores más vulnerables son la carta de presentación que la actual gestión aporta como capital a Rixi Moncada.

En contraste, sus adversarios del bipartidismo, ni siquiera han recorrido el país. En vez de hacer campaña en barrios y comunidades, optaron por viajar a EE.UU. para que desde allá se les legitime. La estrategia del viejo bipartidismo, históricamente ligado a los golpes de estado, fraudes y corrupción, no es electoral, es geopolítica. Pero parecen olvidar que en Honduras quien vota es el pueblo. Si los candidatos opositores del Partido Nacional y del Partido Liberal no están haciendo campaña dentro del país, entonces ¿cuál es la estrategia? Obviamente boicotear el proceso electoral, deslegitimar la victoria de Rixi Moncada, generar un caos interno e intentar que se repitan las elecciones. Sin apoyo interno para un plan que claramente romperá la paz que Honduras conquistó en estos casi cuatro años de gobierno de Xiomara Castro, su principal sustento parece ser el apoyo de grupos minoritarios de la derecha más radical de los Estados Unidos y de América Latina.
El oficialismo, a pesar de su condición de minoría en el Congreso y en el propio CNE, ha insistido en una consigna clara: elecciones limpias, libres y transparentes. Lo ha dicho su presidenta, el Coordinador General del partido Libertad y Refundación Libre y la propia candidata, en reiteradas oportunidades. Ha llamado a observadores internacionales y se ha comprometido a que cada acta cuente. En palabras de la propia Rixi Moncada: “El que va ganando quiere que la elección sea transparente. Solo el que va perdiendo quiere sabotearla”.
Frente a la operación de desinformación internacional que se intenta montar desde medios hegemónicos e influencers digitales que responden a los grupos monopólicos más poderosos del país y ciertos sectores del Congreso de EE.UU., la narrativa del gobierno se ha mantenido firme. Una elección impecable, sin sombras, con plena participación popular, será la mejor respuesta a los intentos de manipulación.
La batalla, entonces, no es por ganar las elecciones. Esa ya parece estar ganada ganada en las calles, en las plazas, en el alma del pueblo. La batalla real es por blindar la credibilidad de esa victoria, por evitar que desde los micrófonos de analistas foráneos o desde despachos financiados por élites conservadoras se imponga el relato de un fraude que, de existir, claramente tendrá como ejecutores a los mismos que quedaron en evidencia en los 26 audios que la justicia hondureña determinó como auténticos y que revelan un plan para favorecer al bipartidismo y contrariar la voluntad popular. Los mismos que antes llegaron con golpes y fraudes, no han perdido las mañas.
Como dicen los cánticos populares que se escuchan en cada uno de los eventos de Libre, Rixi Moncada no es solo una candidata. Es símbolo de una nueva etapa de transformación para Honduras. Y el próximo 30 de noviembre, el país tendrá la oportunidad de reafirmar, con el poder del voto, que la esperanza se escribe en las urnas, no en cabildeos desconectados con la realidad del pueblo y sujetos a intereses vinculados al saqueo y a la lógica de exoneraciones impositivas, monopolios y oligopolios. Las cartas están echadas. Solo falta que el pueblo deposite su papeleta en las urnas, y que los buitres que acechan para torcer la voluntad soberana no prevalezcan sobre la verdad de los votos.
21 Noviembre 2025