
Aunque muchas personas consideran que el invierno es una época de poca actividad en el jardín, esta estación ofrece condiciones favorables para reproducir diversas especies mediante una técnica sencilla, económica y al alcance de cualquier aficionado a la jardinería.
El método consiste en utilizar las ramas que se obtienen durante las tareas de poda para crear nuevos ejemplares a través de esquejes. Las bajas temperaturas, la mayor humedad del suelo y las lluvias frecuentes favorecen el desarrollo de raíces, lo que incrementa las posibilidades de éxito durante el proceso.
Además de reducir costos, esta práctica permite aprovechar material vegetal que normalmente se descartaría y ampliar la cantidad de plantas en distintos sectores del jardín sin necesidad de adquirir nuevos ejemplares.
El procedimiento comienza con la selección de ramas sanas y vigorosas, libres de enfermedades o daños. Luego, cada rama debe cortarse en pequeños segmentos de aproximadamente 5 centímetros, aunque un tamaño ligeramente mayor también puede ofrecer buenos resultados.
Una vez preparados los esquejes, se recomienda abrir pequeños orificios en la tierra e introducir una rama en cada uno. Si los esquejes son más largos, lo ideal es enterrar aproximadamente la mitad de su longitud para estimular la aparición de nuevas raíces.
Los nudos que quedan bajo la superficie cumplen un papel fundamental, ya que desde esos puntos se desarrollan las raíces y los nuevos brotes que darán origen a la planta.
Una de las principales ventajas de esta técnica es que no requiere hormonas de enraizamiento, fertilizantes ni mezclas especiales de sustratos. En muchos casos, un suelo bien drenado y con buena humedad resulta suficiente para favorecer el crecimiento.

Después de la plantación, los cuidados son mínimos. Durante los meses fríos no conviene realizar riegos abundantes, ya que la humedad natural del suelo y las precipitaciones suelen aportar el agua necesaria para el desarrollo inicial de los esquejes.
También resulta importante elegir correctamente el lugar donde crecerán las nuevas plantas, teniendo en cuenta el tamaño que alcanzarán cuando completen su desarrollo. De esta manera, se evita la competencia por espacio y se logra una mejor distribución de la vegetación dentro del jardín.
Esta técnica puede aplicarse en numerosas especies ornamentales y arbóreas. Entre las más recomendadas se encuentran la lavanda, las rosas, los pinos, los cipreses, el palo borracho y otras variedades que responden favorablemente a la propagación mediante esquejes.
Gracias a su simplicidad y al bajo costo que implica, este método se convirtió en una de las alternativas más utilizadas por quienes desean multiplicar sus plantas durante el invierno, aprovechar las podas estacionales y renovar los espacios verdes del hogar de forma práctica y sostenible.
Con información de C5N
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27 Julio 2026