
El volcán Cotopaxi se alza imponente en la Cordillera Oriental, a 35 kilómetros de Latacunga y 45 de Quito. Su ubicación estratégica, la altura y la cobertura glaciar lo convierten en una amenaza latente para miles de personas que habitan en las zonas cercanas. La Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos lo describe como uno de los volcanes más peligrosos del mundo, ya que combina un relieve complejo, masas de hielo capaces de generar lahares y la proximidad a centros urbanos.
A pesar de que el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional (IGPN) confirmó que el proceso eruptivo de 2022 concluyó y que los parámetros actuales reflejan niveles bajos de actividad, el monitoreo continúa sin pausa. Una red de sismógrafos, sensores y cámaras transmite información permanente para anticipar cualquier cambio en el comportamiento del volcán. Desde octubre de 2023 rige la alerta blanca, que implica un estado de vigilancia constante y de preparación preventiva.
Coordinación municipal y planes de respuesta
En Quito, las autoridades municipales trabajan estrechamente con los técnicos del IGPN. Julián Tucumbi, director metropolitano subrogante de Gestión de Riesgos, explicó que los especialistas entregan insumos clave como mapas de peligros, modelamientos de flujos y reportes técnicos. Con esta información, el municipio construye escenarios que permiten identificar riesgos sobre la población, las infraestructuras y los servicios básicos. Según estimaciones oficiales, unas 20 mil personas podrían resultar directamente afectadas por los lahares. Frente a ese panorama, la ciudad mantiene activos los protocolos nacionales, que incluyen el mantenimiento de sirenas y sistemas de alerta comunitarios.
En Latacunga, Marco Salazar, director de Seguridad Ciudadana, destacó que la ciudad cuenta con 181 albergues preparados para una eventual emergencia. Además, instaló 120 señaléticas de un total de 221 planificadas. Los estudios del IGPN indican que un flujo de lodo tardaría alrededor de una hora en alcanzar la ciudad, lo que otorga un margen para organizar evacuaciones. “Ese tiempo de respuesta nos da la posibilidad de coordinar con la ciudadanía y trabajar en rutas seguras”, señaló Salazar.
Por su parte, en Rumiñahui, el coordinador de Gestión de Riesgos, Gustavo Arce, explicó que el plan cantonal vigente hasta 2026 se apoya en la información científica del IGPN. De acuerdo con los modelamientos, los lahares podrían llegar a San Rafael en tan solo 40 minutos. Ante este riesgo, el municipio reforzó su sistema de alerta temprana con sirenas y sensores, además de impulsar simulacros comunitarios para preparar a la población.
Historia eruptiva y escenarios futuros
La historia muestra que el Cotopaxi registra cinco grandes erupciones: entre 1532 y 1534, 1742 y 1744, 1766 y 1768, 1853 y 1854, y la más destructiva entre 1877 y 1880. Aquella última liberó ceniza, gases y lodo que arrasaron poblaciones enteras. Más cerca en el tiempo, en 2015, el volcán lanzó columnas de ceniza que dañaron cultivos, afectaron pastizales y alteraron la salud animal. Ese episodio derivó en la declaratoria de alerta amarilla y en un estado de excepción en varias provincias.
Los técnicos remarcan que el Cotopaxi no suele entrar en erupción de forma súbita. El volcán muestra señales previas que permiten a las autoridades elevar progresivamente los niveles de alerta. Sin embargo, los especialistas insisten en que la preparación comunitaria y la actualización de protocolos resultan determinantes para reducir el impacto de un eventual evento eruptivo.
Christian Rivera, experto en gestión de riesgos, subraya que una erupción tendría consecuencias a nivel nacional. La caída de ceniza y los flujos de lodo afectarían sistemas de agua, energía y producción de alimentos en distintas provincias. “El Cotopaxi siempre da señales antes de una gran erupción, pero la clave radica en que los sistemas de alerta y la capacitación comunitaria estén activos”, afirmó.
A diez años de la reactivación que marcó un nuevo ciclo de vigilancia permanente, Quito, Latacunga y Rumiñahui refuerzan sus planes con apoyo del Instituto Geofísico. La experiencia demuestra que el conocimiento científico, sumado a la organización ciudadana y la coordinación interinstitucional, ofrece la mejor estrategia para convivir con la amenaza del Cotopaxi.
NoticiasD
11 Septiembre 2025