
Córdoba y Mar del Plata suelen encabezar las charlas sobre alfajores. Pero una pequeña localidad bonaerense acaba de romper el molde. Taste Atlas, el prestigioso sitio global que califica comidas tradicionales, eligió como el mejor alfajor argentino —y uno de los mejores del planeta— a un producto que nace en San Antonio de Areco, un pueblo de fuerte tradición gauchesca y alma dulce.
La distinción fue para La Olla de Cobre, una fábrica familiar que desde 1978 apuesta por la calidad, el trabajo artesanal y una receta que se transmite de generación en generación. Fundada por Carlos y Teresa Gabba, esta chocolatería nació como un emprendimiento local con la idea de ofrecer a los visitantes un recuerdo inolvidable del lugar. Hoy, su alfajor artesanal se codea con gigantes de la industria y se destaca por su identidad propia.
Ubicada en la calle Matheu 433, La Olla de Cobre es parada obligada para quien pase por Areco. Su presencia es tan fuerte que muchos lugareños afirman: “Si vas a Areco, traé alfajores”. Una recomendación que se volvió costumbre y casi un mantra.

Elaborados con ingredientes nobles y mucho cuidado en cada etapa de producción, los alfajores de La Olla de Cobre se presentan en dos versiones: bañados en chocolate amargo o recubiertos con un delicado merengue. El relleno, por supuesto, es de dulce de leche, bien argentino y con ese punto justo que equilibra dulzura y textura.
Quienes los prueban hablan de un sabor envolvente, distinto, auténtico. Y eso es justamente lo que Taste Atlas destacó: su valor artesanal, su calidad sostenida y la conexión directa entre producto y territorio.
Los precios actuales reflejan también el valor que se le da a su elaboración. Un alfajor individual cuesta $1.900, mientras que la media docena en bolsa de papel se vende a $11.400 y la docena completa a $22.800. No se trata solo de un alfajor: es una experiencia.

La Olla de Cobre encabeza el ranking internacional de alfajores de Taste Atlas, donde 18 de las 20 primeras posiciones están ocupadas por marcas argentinas. Y, de esas 18, muchas pertenecen también a la provincia de Buenos Aires: La Goulue en Ciudadela, Señor Alfajor en Monte Grande, Alfajores Orense en Bernal, Capitán del Espacio en Quilmes, y Montemar en San Miguel del Monte, entre otras.
Este reconocimiento no solo posiciona al alfajor arequero como una joya nacional, sino que también pone en valor el trabajo de pequeños productores que hacen de la tradición un sello de identidad. Mientras las grandes marcas conquistan góndolas, estos emprendimientos artesanales conquistan paladares.
Quien se acerque a San Antonio de Areco, además de disfrutar de paisajes coloniales, cultura criolla y algunos de los mejores asados del país, puede darse el gusto de probar lo que muchos consideran el mejor alfajor del mundo. Una delicia que no necesita marketing, porque su sabor habla por sí solo.
NoticiasD
2 Junio 2025