
Lima es uno de esos destinos que no aparece en las guías más famosas pero que logra enamorar al primer paso. Este pequeño pueblo del partido de Zárate provincia de Buenos Aires, invita a desacelerar y disfrutar de la vida al ritmo del río. Con playas de arena, sombra natural, parrillas al aire libre y senderos rurales, se convirtió en una opción perfecta para quienes buscan contacto con la naturaleza sin alejarse demasiado.
El pueblo conserva su espíritu tranquilo y auténtico. No hay multitudes, ni shoppings, ni turismo invasivo. En cambio, hay casas bajas, calles silenciosas y una comunidad que mantiene viva la identidad local. Esa atmósfera, sumada a la cercanía con el Paraná, marca cada rincón del paisaje.
Lima nació en el siglo XIX y su historia se entrelaza con la llegada del ferrocarril y la construcción de las centrales nucleares Atucha, que aún funcionan y se pueden conocer mediante visitas guiadas. Más allá de ese legado industrial, el presente del pueblo se vive al aire libre.
Los visitantes suelen arrancar su recorrido por la plaza Mitre, corazón social del lugar. Allí se celebran ferias y fiestas populares, como el aniversario del pueblo cada 28 de septiembre. Frente a la plaza, la parroquia San Isidro Labrador impone su estilo neocolonial y se convierte en una postal imperdible.
C5NEl entorno ribereño se presta para mucho más: pesca, paseos en lancha, cabalgatas por estancias vecinas y caminatas por caminos de tierra bordeados de verde. No hace falta tener un plan definido Lima invita a descubrir con calma, a dejarse llevar.
Y como en todo pueblo argentino, la comida ocupa un lugar central. En Lima, las parrillas se mezclan con bodegones familiares y bares montados en antiguos almacenes. Los dueños suelen atender personalmente, recomiendan el mejor corte del día o un buen vino tinto para acompañar empanadas recién horneadas. La experiencia no pasa por el lujo, sino por el sabor real y la calidez de quien recibe.
Llegar a Lima es fácil. Desde la Ciudad de Buenos Aires, hay que tomar la Panamericana y continuar por el ramal Escobar de la Ruta 9. A la altura del kilómetro 100, un desvío asfaltado lleva directo al pueblo, entre campos y quintas. También se puede combinar tren y colectivo: el ramal a Rosario del Mitre acerca hasta Zárate, y desde allí parte un servicio local hacia Lima.
Cualquier momento del año sirve para visitar este rincón escondido del mapa, pero la primavera lo vuelve aún más encantador. Los colores del campo, las playas más accesibles y los festejos populares le suman un atractivo especial.
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6 Agosto 2025