
A pesar de que la cotización del dólar acumula una caída sostenida en las últimas semanas, ese movimiento no impacta de forma directa en los precios que enfrentan los consumidores en supermercados y comercios. La brecha entre el tipo de cambio y el costo de los productos genera dudas y malestar entre los clientes.
Especialistas y referentes del sector coinciden en que el fenómeno no responde a una sola causa. Por el contrario, se trata de una combinación de variables internacionales, estructuras de costos locales y tiempos propios de la cadena de comercialización.
Desde el ámbito financiero explican que el retroceso del dólar se vincula con decisiones tomadas en Estados Unidos, donde se redujeron las tasas de interés en un contexto de incertidumbre económica. Esto motivó a inversores a mover capitales hacia mercados emergentes y activos alternativos, fortaleciendo monedas de la región.
Miguel Mora, miembro del Directorio del Banco Central del Paraguay (BCP), explicó a la 730 AM que la caída del dólar responde a un fenómeno global. Estados Unidos redujo sus tasas de interés y atraviesa una incertidumbre económica. Esta situación empujó a los inversores a buscar mejores rendimientos en los mercados emergentes y activos como el oro.
Ese escenario benefició a economías sudamericanas, que ganaron atractivo por su producción de materias primas, lo que impulsó monedas como el guaraní. Sin embargo, ese fortalecimiento cambiario no se traduce automáticamente en una baja de precios.
Uno de los motivos es que los comercios todavía comercializan mercadería adquirida cuando el dólar estaba más alto. A esto se suman costos operativos que se mantienen en moneda local, lo que limita posibles reducciones.
Desde el sector importador remarcan que los precios no dependen únicamente del tipo de cambio local. Óscar Apud Salomón, integrante del Centro de Importadores del Paraguay (CIP), señaló que los valores se definen en los países de origen, donde también se registraron incrementos.
Productos como lubricantes provenientes de Estados Unidos o Alemania, así como vinos importados desde Argentina, registraron subas superiores al 20%. A esto se suma el aumento en los costos logísticos internacionales, que continúa presionando sobre los precios finales.
Además, existe un desfase temporal: los productos comprados con un dólar más bajo pueden tardar entre 90 y 120 días en llegar al país. Por eso, el eventual impacto en las góndolas no es inmediato.
Desde el sector supermercadista aseguran que no tienen margen para definir precios de forma independiente. Gustavo Lezcano, presidente de la Cámara Paraguaya de Supermercados (Capasu), sostuvo que las grandes cadenas funcionan como “tomadores de precios”.
Según explicó, los proveedores no reducen sus listas de manera generalizada, sino que aplican promociones puntuales. Esto genera un comportamiento irregular en los valores, sin una tendencia clara a la baja.
Además, indicó que muchas empresas proveedoras no enfrentan urgencias financieras, lo que reduce los incentivos para ajustar precios en el corto plazo.
Desde el ámbito regulador surgieron advertencias sobre posibles distorsiones en la competencia. Rolando Díaz, integrante de la Comisión Nacional de la Competencia (Conacom), habló de un “paralelismo consciente”. Al respecto explicó que las empresas observan a sus competidores y evitan mover precios si el resto no lo hace. Esto termina afectando al cliente final.
También señaló limitaciones en la capacidad de control del organismo, que cuenta con recursos humanos reducidos para fiscalizar el mercado.
Frente a este escenario, el presidente Santiago Peña instruyó a la Secretaría de Defensa del Consumidor (Sedeco) y a la Conacom a avanzar con investigaciones sobre la formación de precios.
“Cuando los precios suben, el ajuste es inmediato. Cuando el dólar baja, eso no ocurre”, señaló.
El objetivo oficial es detectar posibles irregularidades y garantizar que las variaciones del tipo de cambio se reflejen de manera más equitativa en el bolsillo de los consumidores.
NoticiasD
5 Mayo 2026