
En línea con la apertura del sector, el gobierno liderado por Delcy Rodríguez suscribió acuerdos con Hunt Overseas Oil Company y Crossover Energy, que desarrollarán proyectos en la Faja del Orinoco, principal reserva global de crudo pesado y extrapesado.
Venezuela comienza a marcar un giro estratégico en su posicionamiento energético internacional tras la firma de acuerdos con empresas estadounidenses orientados a reactivar y potenciar la producción de crudo y gas en el país.
En un acto celebrado en el Palacio de Miraflores, encabezado por la presidenta interina Delcy Rodríguez, se formalizaron convenios con las compañías Hunt Overseas Oil Company y Crossover Energy, que operarán en la Faja del Orinoco, considerada la mayor reserva mundial de crudo pesado y extrapesado.
La jornada no solo tuvo un carácter económico, sino también simbólico. La presencia del enviado de la Casa Blanca, Jarrod Agen, en el marco del primer vuelo directo entre Miami y Caracas en siete años, evidencia una reconfiguración en la relación bilateral entre ambos países, con el sector energético como punto de encuentro.
Más allá de los acuerdos específicos —que abarcan operaciones en estados como Anzoátegui, Monagas y Barinas— lo que se proyecta es una señal clara: Venezuela vuelve a posicionarse como un actor relevante en el tablero energético global, en un contexto donde la seguridad energética adquiere un valor estratégico.
Rodríguez fue directa al definir el momento: “Aquí se cruzan los intereses de los Estados Unidos y de Venezuela”, afirmó, subrayando además la intención de construir una relación sostenida en el tiempo. El mensaje no es menor: se trata de un reconocimiento abierto de una convergencia de intereses que, hasta hace poco, parecía improbable.
Desde la delegación estadounidense, Agen confirmó el alcance de esta nueva etapa, destacando un compromiso de inversión que supera los 2.000 millones de dólares en sectores como petróleo, gas y minería. Más que cifras, el anuncio refleja una decisión política de avanzar hacia una cooperación pragmática.
Este nuevo escenario se da en paralelo a una serie de reformas impulsadas por el gobierno venezolano para flexibilizar el acceso de capital privado al sector energético, facilitando la participación de grandes actores internacionales y reactivando alianzas con compañías ya presentes en el país.
En este contexto, los acuerdos firmados no solo representan una oportunidad de crecimiento productivo, sino también un cambio en la narrativa: de aislamiento a cooperación, de confrontación a intereses compartidos.
El reto ahora será sostener esta dinámica y traducir estos avances en resultados concretos que impacten tanto en la economía venezolana como en la estabilidad energética regional.
1 Mayo 2026