
La cocina peruana no solo se transmite en fogones y mesas familiares. También permanece en libros antiguos, con recetas mecanografiadas y anotaciones manuscritas que registran costumbres y modos de vida. Ahora, parte de ese legado recibió reconocimiento oficial.
El Ministerio de Cultura del Perú declaró Patrimonio Cultural de la Nación a nueve unidades bibliográficas de recetarios publicados entre 1902 y 1962, pertenecientes al acervo de la Biblioteca Nacional del Perú.
La medida fue formalizada mediante la Resolución Viceministerial N.° 0047-2026-VMPCIC/MC. Según la cartera cultural, estas obras poseen “significado y valor histórico” y resultan fundamentales para comprender cómo se configuró la cocina peruana entre fines del siglo XIX y la primera mitad del XX.
Entre los títulos reconocidos figura Manual del nuevo dulcero peruano (1902), considerado un hito en la historia de la repostería local, donde aparecen preparaciones emblemáticas como el suspiro a la limeña y el turrón de Doña Pepa.
También se incluyó Nuevo manual de la cocina peruana (1910), que reúne cerca de 320 recetas entre platos criollos, dulces y confites, reflejando un momento de consolidación culinaria.
Otro volumen destacado es Lecciones de cocina (1921), perteneciente al género de manuales domésticos que permiten reconstruir la organización cotidiana del hogar en las primeras décadas del siglo XX.
Asimismo, se reconoció La mesa peruana, editado en Arequipa con varias ediciones entre 1867 y 1924, considerado clave para analizar la evolución histórica de la gastronomía y la influencia francesa en técnicas y presentaciones.
Los recetarios evidencian el impacto de las corrientes migratorias en la cocina nacional. Entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, las colonias europeas y asiáticas aportaron técnicas, ingredientes y nuevas formas de organización de la mesa.
La migración china dejó huella en el uso del arroz y el salteado en wok, base de platos como el arroz chaufa. Ese proceso de integración cultural queda documentado en Chifa: recetas de arte culinario chino (1954), incluido en la declaratoria.
También se advierte la influencia italiana y francesa en pastas, panes y métodos de repostería, así como la presencia japonesa, que impulsó nuevas formas de tratar pescados y mariscos, antecedentes de la cocina nikkei.
La declaratoria abarca además títulos como El amigo del hogar: cocina criolla y extranjera (1934), con más de 1600 recetas orientadas a la vida doméstica, y Cocina al día, criolla y extranjera con infinidad de recetas vegetarianas (1934), pionero en incorporar preparaciones sin carne en el ámbito hispanoamericano.
Completan la lista Recetas económicas y prácticas de cocina y repostería (1958), enfocado en menús balanceados y de bajo costo en el contexto de la posguerra, y La tapada: cocina y repostería (1962) de Laura Garland, compendio de más de 1500 recetas que ofrece un panorama amplio de la cocina peruana y latinoamericana de mediados del siglo XX.
Según el Ministerio, estos libros no solo preservan preparaciones tradicionales, sino que constituyen testimonios clave de la memoria gastronómica nacional. En sus páginas se registran transformaciones sociales, migraciones, hábitos urbanos y cambios económicos que influyeron decisivamente en la mesa peruana.
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4 Marzo 2026