
Muchas personas dejan el cargador del celular o de la tablet conectado al enchufe durante todo el día sin darle importancia. Sin embargo, especialistas en seguridad eléctrica advierten que este hábito puede generar un consumo innecesario de energía, reducir la vida útil del dispositivo e incrementar el riesgo de sobrecalentamiento e incluso de incendios en determinadas circunstancias.
Aunque los cargadores actuales incorporan sistemas de protección, eso no significa que permanezcan completamente inactivos cuando no alimentan un teléfono o una tableta. Mientras continúan conectados a la red eléctrica, mantienen un pequeño consumo conocido como consumo en espera, una demanda energética que, si bien resulta baja en cada equipo, aumenta cuando se multiplica por la cantidad de dispositivos presentes en un hogar.
El profesor de Electrónica de Potencia de la Universidad de Melbourne, Glen Farivar, explicó en un artículo publicado por The Conversation que la suma de estos pequeños consumos impacta tanto en la factura de electricidad como en la demanda energética general, especialmente cuando millones de cargadores permanecen enchufados durante largos períodos.
Muchas personas creen que retirar el teléfono del cargador elimina automáticamente cualquier consumo eléctrico. Sin embargo, eso no ocurre.
Mientras el cargador permanece conectado al tomacorriente continúa tomando una pequeña cantidad de electricidad para mantener activos sus circuitos internos. Este fenómeno recibe el nombre de consumo en espera y representa una de las principales fuentes de desperdicio energético en los hogares modernos.
El impacto de un único cargador puede parecer insignificante, pero la situación cambia cuando una vivienda acumula cargadores de teléfonos, tabletas, computadoras portátiles, relojes inteligentes, auriculares inalámbricos y otros dispositivos electrónicos conectados de forma permanente.
Ese consumo constante termina reflejándose en la factura mensual de electricidad y, a mayor escala, obliga a incrementar la producción de energía, lo que también genera consecuencias ambientales por el aumento de las emisiones asociadas a la generación eléctrica.

Otro de los riesgos señalados por los especialistas se relaciona con el calor.
Cuando un cargador permanece enchufado durante períodos prolongados, algunos de sus componentes electrónicos continúan trabajando y pueden elevar su temperatura interna.
Los capacitores y otros elementos sensibles al calor sufren un desgaste progresivo cuando permanecen sometidos a temperaturas elevadas durante mucho tiempo.
Ese deterioro disminuye la vida útil del cargador y aumenta la posibilidad de que aparezcan fallas eléctricas.
En condiciones normales, los cargadores certificados incorporan mecanismos de protección para evitar incidentes. Sin embargo, un equipo antiguo, deteriorado o de baja calidad presenta una mayor probabilidad de sufrir desperfectos.
Los especialistas advierten que, frente a una sobretensión provocada por una tormenta o una falla en la red eléctrica, un cargador conectado puede comenzar a desprender humo, derretirse o incluso incendiarse.
Aunque este tipo de situaciones no resulta frecuente, representa un riesgo que conviene evitar mediante hábitos simples de prevención.
Además del aspecto eléctrico, mantener cargadores enchufados puede generar otros riesgos dentro del hogar.
En viviendas donde viven niños pequeños, los cables conectados pueden despertar curiosidad y favorecer el contacto con la instalación eléctrica.
Las mascotas también enfrentan peligros, especialmente los animales que suelen morder cables, una conducta que puede provocar lesiones graves e incluso descargas eléctricas.
Los cables apoyados sobre el piso también aumentan el riesgo de tropiezos y caídas, especialmente en espacios reducidos o con poca iluminación.
Por ese motivo, los especialistas recomiendan retirar los cargadores cuando dejan de utilizarse y mantenerlos fuera del alcance de niños y animales.

El consumo permanente de energía no solo afecta el bolsillo de los usuarios.
Cada cargador conectado incrementa, aunque sea de manera mínima, la demanda eléctrica. Esa energía adicional obliga a producir más electricidad y, en muchos países, esa generación continúa dependiendo en gran medida de combustibles fósiles.
Como consecuencia, aumenta la emisión de dióxido de carbono y otros gases asociados al cambio climático.
Desenchufar los cargadores cuando dejan de utilizarse representa una acción sencilla que contribuye a disminuir el consumo energético y reducir la huella ambiental de cada hogar.
Los especialistas coinciden en que la mejor medida consiste en desconectar los cargadores una vez finalizada la carga del dispositivo.
También aconsejan revisar periódicamente el estado de los cables y los conectores para detectar grietas, deformaciones o signos de calentamiento excesivo.
Cuando un cargador presenta daños visibles o funciona de manera irregular, conviene reemplazarlo de inmediato para evitar accidentes.
Otra recomendación importante consiste en utilizar únicamente cargadores certificados por organismos reconocidos y evitar productos de procedencia desconocida o sin certificaciones de seguridad.
En zonas donde suelen registrarse tormentas eléctricas o variaciones de tensión, instalar protectores contra sobretensiones aporta una protección adicional para los dispositivos electrónicos.
Adoptar estos hábitos no solo mejora la seguridad dentro del hogar, sino que también permite prolongar la vida útil de los cargadores, disminuir el consumo eléctrico y reducir el impacto ambiental generado por el uso cotidiano de la tecnología.
Con información de infobae
NoticiasD
17 Julio 2026