
La relación entre la ciudadanía y la política atraviesa un escenario de fuerte desconfianza, aunque los argentinos todavía identifican atributos concretos que consideran indispensables en sus dirigentes. Un relevamiento de Zeta Consultora mostró que la capacidad de gestión y la honestidad encabezan las preferencias, mientras que la representación de los partidos políticos aparece cada vez más cuestionada.
El estudio también puso el foco en el vínculo entre los ciudadanos y las instituciones, además de analizar el debate alrededor de la llamada “casta” política. En ese punto, la figura del presidente Javier Milei continúa ocupando un lugar central, ya que los encuestados mantienen una valoración significativa por los dirigentes que se presentan por fuera de las estructuras tradicionales, incluso ante la incorporación de figuras políticas históricas a los espacios de gobierno.
La gestión fue el atributo más elegido por los participantes de la encuesta, con el 41% de las respuestas. Muy cerca quedó la honestidad, que alcanzó el 40%. En cambio, la claridad de las ideas reunió el 15%, mientras que la capacidad de comunicación y el carisma quedaron relegados.
Los resultados reflejan una demanda centrada en la resolución de problemas concretos y en la transparencia del manejo de los recursos públicos. La posibilidad de que un dirigente cometa errores administrativos no aparece necesariamente como un motivo definitivo de rechazo, pero las situaciones vinculadas con la corrupción o el desvío de fondos generan una condena mucho más fuerte.
Como la encuesta permitía seleccionar más de una alternativa, los datos muestran que la sociedad no plantea una disyuntiva entre eficacia y ética. Por el contrario, la expectativa apunta a combinar una administración eficiente con un comportamiento honesto.
Otro de los ejes del relevamiento fue la capacidad de los partidos para representar a la sociedad. La mayoría de los encuestados consideró que las fuerzas políticas cumplen hoy esa función peor que en el pasado.
Sin embargo, el estudio marcó una diferencia entre el rechazo a determinados dirigentes o estructuras partidarias y la política entendida como actividad. La aparición de un liderazgo capaz de expresar demandas concretas podría, según la percepción recogida, contribuir a recuperar parte de la confianza perdida.
La posibilidad de establecer un vínculo directo entre los dirigentes y la ciudadanía también obtuvo una valoración importante. El 44% afirmó que esa comunicación puede darse sin intermediarios y otro 22% respondió que puede concretarse parcialmente. En total, cerca de siete de cada diez personas consideran viable una relación más directa, impulsada especialmente por las redes sociales y las nuevas herramientas de comunicación.
Cuando los encuestados tuvieron que señalar qué actores representan mejor sus preocupaciones, las organizaciones sociales fueron la opción más elegida, con el 40%. En segundo lugar, un 30% respondió que ninguna institución cumple realmente con esa función.
Los municipios y los partidos políticos recibieron niveles inferiores de reconocimiento, mientras que el Congreso quedó como la institución menos mencionada. El resultado expone la distancia que existe entre buena parte de la ciudadanía y las estructuras formales de la política.
Los gobiernos municipales aparecen, de todos modos, como ámbitos potencialmente más cercanos para el contacto cotidiano. La posibilidad concreta de acceder a sus autoridades, sin embargo, depende en gran medida del tamaño de cada localidad.
La encuesta también consultó qué cambios deberían priorizarse para mejorar el futuro del país. La respuesta más elegida fue la necesidad de ampliar la participación ciudadana, con el 54,8%.
El concepto no se limita a la militancia partidaria, sino que incluye la intervención de la sociedad en distintos espacios y sectores. El fortalecimiento institucional quedó en segundo lugar, con el 23% de las respuestas, mientras que la búsqueda de mayores acuerdos políticos alcanzó apenas el 16%.
Los resultados reflejan una sociedad que reclama más protagonismo en los asuntos públicos y, al mismo tiempo, demanda instituciones capaces de responder con mayor eficacia. En ese escenario, la baja confianza en los partidos y el Congreso convive con una expectativa creciente sobre las organizaciones sociales, los gobiernos locales y nuevas formas de participación política.
NoticiasD
23 Julio 2026