
En el vasto territorio argentino se esconden rincones que pueden maravillar a cualquier turista por su extrema belleza y sus atractivos naturales únicos. Existe un pequeño poblado en Salta, habitado por apenas 300 personas, llamado Tolar Grande que se convirtió en el destino predilecto para quienes buscan una aventura auténtica lejos del turismo masivo, ofreciendo paisajes que parecen sacados de una película de ciencia ficción.
Ubicado en un entorno agreste y espectacular, este destino se distingue por la hospitalidad de su gente y sus tradiciones ancestrales. Rodeado de salares, lagunas de colores vibrantes y volcanes imponentes, el lugar ofrece tonalidades rojizas que recuerdan permanentemente a la superficie de Marte, creando una experiencia visual inigualable en el corazón del norte argentino.
Tolar Grande se encuentra situado en el corazón de la Puna salteña, dentro de una región de gran actividad minera en el departamento de Los Andes. Esta localidad se ubica a una altitud aproximada de 3.500 metros sobre el nivel del mar, lo que le otorga un clima y una atmósfera particular. Geográficamente, está emplazada a unos 387 kilómetros de la ciudad de Salta, la capital provincial.

Este destino es un paraíso para los amantes de la fotografía, el trekking y la aventura extrema. Entre sus imperdibles se encuentran:
Para llegar desde la ciudad de Salta, se debe tomar la Ruta Nacional 51, atravesando Campo Quijano y la espectacular Quebrada del Toro hasta alcanzar San Antonio de los Cobres. Desde allí, el viaje continúa por la Ruta Provincial 27, que atraviesa el Salar de Pocitos y el Desierto del Diablo.
El trayecto total demanda aproximadamente 8 horas y media de viaje. Debido a que gran parte del camino (unos 214 kilómetros desde San Antonio de los Cobres) es de ripio y atraviesa zonas muy inhóspitas, se recomienda estrictamente el uso de vehículos 4x4 y, preferentemente, realizar la travesía con guías especializados para garantizar la seguridad.
Para disfrutar plenamente de la magia de Tolar Grande, es fundamental planificar el viaje según la época del año. Si bien es posible visitarlo siempre, los meses de octubre a diciembre y de marzo a abril ofrecen las mejores condiciones climáticas. Al ser un destino de altura, es vital respetar los tiempos de aclatimatación y llevar vestimenta adecuada para la amplitud térmica. No olvides que estás en un lugar sagrado para sus pobladores, donde la cultura de la Pachamama está presente en cada rincón, por lo que el respeto por el entorno natural y las tradiciones locales es la clave para una experiencia transformadora.
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20 Mayo 2026