
Mendoza es una de las principales productoras de aceite de oliva en Argentina. Aunque años atrás lideraba el sector, hoy ocupa el cuarto lugar detrás de San Juan, La Rioja y Catamarca. Sin embargo, la calidad de su producción sigue destacándose en el mercado nacional e internacional.
La provincia combina métodos tradicionales e intensivos en el cultivo del olivo. En el sistema tradicional, los árboles de la variedad arauco crecen con amplio espacio entre sí, lo que reduce el rendimiento. En contraste, la olivicultura intensiva emplea riego por goteo y cosecha mecanizada, optimizando la producción con variedades como arbequina.
Más de 40 almazaras operan en Mendoza, desde pequeñas y medianas hasta aquellas que superan los 400.000 litros de producción anual. Con tecnología avanzada, estas plantas garantizan aceites de oliva virgen extra de alta calidad, con certificaciones que avalan su origen y proceso de elaboración.

El término almazara, de origen árabe, significa «lugar donde se exprime», ya que el aceite se obtiene directamente del fruto mediante prensado. En Mendoza, este proceso sigue estrictos controles para preservar el perfil sensorial del producto, caracterizado por notas frutadas intensas y un equilibrio entre amargor y picante.
El aceite de oliva mendocino no solo se destaca por su sabor, sino también por sus propiedades saludables. Rico en grasas monoinsaturadas, vitaminas y polifenoles, contribuye a reducir el colesterol malo y protege el sistema cardiovascular.

Los especialistas recomiendan consumirlo en crudo, con una dosis diaria desde los seis meses de edad. Gracias a su calidad y características únicas, el aceite de oliva de Mendoza sigue consolidándose como un producto esencial en la gastronomía y el bienestar.
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28 Marzo 2025