
La carne oreada, una de las joyas gastronómicas más emblemáticas de Santander, ha resistido el paso del tiempo como símbolo de tradición y sabor en esta región colombiana. Este plato, cuyas raíces se remontan a técnicas ancestrales de conservación de alimentos en épocas sin refrigeración, sigue siendo un favorito en la mesa de los santandereanos.
Servida con yuca, arepa santandereana y el refrescante refajo, la carne oreada es una fusión de sabores que refleja el ingenio culinario y la riqueza cultural del departamento. Este plato está hecho a partir de tiras de carne de res marinadas en una mezcla de aderezos, secadas al aire libre o en cocinas de leña, donde el humo juega un papel clave en el proceso de curado.
La carne oreada se originó como una forma de preservar la carne por semanas, una técnica que permitía a las familias disfrutar de este alimento sin necesidad de refrigeración. El secreto de su sabor único radica en el uso de panela, un ingrediente que aporta un toque dulce al plato, y que se combina con adobos como ajo, comino, pimienta, limón y aceite de oliva, creando una explosión de sabores inconfundibles.
Tradicionalmente, se utiliza el lomo ancho o «muchacho», cortado en tiras uniformes de hasta tres centímetros de grosor para asegurar un secado parejo. La carne, previamente sazonada, se deja reposar en refrigeración por al menos 10 minutos antes de ser expuesta al sol y al viento durante una hora, un paso fundamental para lograr su textura característica.
Luego, la carne se asa a la parrilla por tres a cinco minutos, adquiriendo una superficie dorada que contrasta con la jugosidad interior. Una vez lista, puede conservarse hasta dos semanas en un lugar fresco y seco, lo que la convierte en una opción práctica y deliciosa para prolongar su vida útil.
Para acompañar la carne oreada, no pueden faltar la yuca y la arepa santandereana, que complementan perfectamente los sabores intensos del plato principal. El refajo, una bebida que mezcla cerveza con gaseosa, también es parte esencial de esta experiencia gastronómica, equilibrando el robusto sabor de la carne.
Junto a este banquete, las hormigas culonas, otro ícono de la cocina santandereana, hacen su aparición. Estas hormigas tostadas con sal, conocidas por sus propiedades afrodisíacas, añaden un toque crujiente y sabroso al plato.
La carne oreada no es solo una delicia culinaria, sino también un testimonio vivo del legado cultural de Santander. Esta técnica ancestral, que surgió por la necesidad de conservación, se mantiene vigente, permitiendo a quienes la disfrutan saborear la historia y el corazón de la región.
Además de la carne oreada, los visitantes pueden deleitarse con otros platos típicos de Santander, como el mute, el cabro y la pepitoria, haciendo de cada visita una experiencia gastronómica inolvidable.
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20 Septiembre 2024