
El turismo del vino ya no es solo una actividad recreativa: en Mendoza, se consolida como un motor económico y cultural de gran impacto. Así lo revela el trabajo conjunto del Ente Mendoza Turismo (Emetur) y la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), que pusieron en marcha el Observatorio Económico del Turismo del Vino con el fin de conocer mejor el fenómeno y potenciarlo.
El informe identificó 230 bodegas abiertas al público que reciben visitantes de forma regular. A través de una encuesta a 87 establecimientos, se logró construir un diagnóstico preciso sobre servicios, sostenibilidad, empleo, impacto económico y características del perfil turístico. Este trabajo permite tomar decisiones más certeras tanto en el ámbito público como privado.
Las bodegas relevadas abarcan las principales zonas turísticas vitivinícolas: Luján de Cuyo, Valle de Uco, Maipú, Gran Este, zona Sur y el área metropolitana. Cada una aporta a un entramado territorial diverso, con propuestas enoturísticas que se combinan con la identidad local, la gastronomía y los paisajes del vino.
Entre los principales hallazgos del estudio, se destacan tres ejes centrales: el crecimiento sostenido del turismo del vino, la diversificación de servicios y el papel estratégico de la actividad para el desarrollo regional. La zona de Luján de Cuyo lidera la apertura turística con 80 bodegas habilitadas, dentro de un total de 143 registradas en el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). Esta región también se posiciona como una de las más productivas, con más de 15 mil hectáreas cultivadas y más de un millón de hectolitros elaborados en 2023.
El Valle de Uco, en segundo lugar, cuenta con 50 bodegas turísticas, 29 mil hectáreas cultivadas y una producción de 757 mil hectolitros. Maipú, con fuerte tradición en el vino, suma 42 bodegas abiertas al público, una superficie cultivada de casi 11 mil hectáreas y una producción que supera el millón trescientos mil hectolitros.
La encuesta incorporó indicadores como gasto promedio, origen de los visitantes, precios, generación de empleo y prácticas sostenibles. También se registró una fuerte conexión emocional del turista con el entorno vitivinícola, que convierte la experiencia en algo más que una simple degustación: se trata de un viaje cultural que combina historia, paisaje y hospitalidad.
Gabriela Testa, presidenta del Emetur, explicó que el Observatorio del Turismo Sostenible funciona desde el año 2000 y que, además de este nuevo informe sobre enoturismo, también se desarrollaron estudios sobre oleoturismo, turismo gastronómico y turismo de reuniones. En este caso, la articulación con COVIAR permitió contar con datos precisos sobre un sector en plena expansión.
Pablo Asens, vicepresidente de COVIAR y responsable del área de Turismo del Vino, remarcó que la información reunida está disponible para empresas, organismos públicos y actores del sector. “Cada año crece la oferta en los distintos oasis productivos, y el turismo del vino en Argentina todavía tiene mucho por desarrollar. Este informe es clave para seguir creciendo con inteligencia y sostenibilidad”, señaló.
El trabajo conjunto entre organismos públicos y privados apunta a seguir fortaleciendo un modelo de turismo que genera valor en múltiples dimensiones. Mendoza, con sus valles y viñedos, no solo produce algunos de los vinos más reconocidos del mundo: también crea experiencias inolvidables que alimentan la economía regional y refuerzan su identidad cultural.
NoticiasD
23 Mayo 2025