
En un hecho sin precedentes, Argentina votó a favor del embargo económico que Estados Unidos mantiene sobre Cuba desde 1960. La decisión se tomó durante la sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), donde el país acompañó el voto de Estados Unidos e Israel, y se diferenció del resto de América Latina y de la mayoría de la comunidad internacional.
El giro diplomático representa una ruptura con más de tres décadas de consenso nacional en materia de política exterior. Desde el retorno de la democracia en 1983, todos los gobiernos argentinos —sin importar su orientación política— habían rechazado el bloqueo estadounidense, en defensa del principio de no injerencia y respeto a la soberanía de los Estados.
La votación de este miércoles marcó la trigésima tercera ocasión en la que la Asamblea General exigió el fin del embargo a la isla caribeña. La resolución, de carácter no vinculante, fue aprobada por 165 países, mientras que solo siete naciones se expresaron en sentido contrario: Estados Unidos, Israel, Hungría, Ucrania, Paraguay, Macedonia del Norte y Argentina. Otros doce países optaron por abstenerse.
El apoyo al bloqueo contra Cuba ratifica el acercamiento de la administración de Javier Milei a Estados Unidos y a Israel, una línea política que el mandatario defendió desde el inicio de su gestión.
El presidente argentino ha manifestado en reiteradas oportunidades su admiración por los gobiernos de ambos países, y busca consolidar una alianza estratégica con Washington y Tel Aviv en materia económica, militar y diplomática.
Este cambio de posición también expone las tensiones internas que se habían registrado dentro del propio gobierno. En la votación del año pasado, la entonces canciller Diana Mondino mantuvo la postura tradicional de la diplomacia argentina y votó en contra del embargo, lo que generó diferencias con la Casa Rosada.
Su salida del gabinete marcó el punto final de aquella línea histórica y abrió el camino para una nueva orientación internacional, abiertamente alineada con los intereses geopolíticos de Estados Unidos.
Desde el entorno presidencial sostienen que la medida “expresa una visión de política exterior basada en la defensa de la libertad y en el rechazo a los regímenes autoritarios”. Sin embargo, distintas voces del ámbito diplomático y académico advirtieron que el giro argentino podría aislar al país en foros internacionales, especialmente en América Latina, donde el rechazo al embargo es casi unánime.
El embargo impuesto por Estados Unidos a Cuba rige desde 1960 y constituye uno de los conflictos diplomáticos más prolongados de la historia contemporánea. Naciones Unidas lo ha condenado de manera sistemática por considerar que viola los principios de la Carta de la ONU y afecta los derechos humanos del pueblo cubano.
Con su voto favorable, Argentina se ubicó por primera vez entre el reducido grupo de países que respaldan la continuidad del bloqueo, una medida que más de 160 Estados consideran obsoleta e injusta.
La decisión de Buenos Aires simboliza un profundo cambio en la política exterior, que deja atrás la tradición de autonomía diplomática que caracterizó a las gestiones anteriores y redefine el lugar del país dentro del escenario global.
El nuevo posicionamiento argentino fue interpretado por analistas internacionales como un gesto de alineamiento pleno con la política exterior estadounidense, en sintonía con otras definiciones recientes del gobierno nacional en materia de relaciones internacionales.
Mientras tanto, la mayoría de los países latinoamericanos reiteraron su llamado al fin del embargo, al considerar que constituye un obstáculo para el desarrollo y la integración regional.
El voto argentino en la ONU marca así un antes y un después en la historia diplomática del país, al asumir una postura que rompe con décadas de consenso y que redefine las alianzas estratégicas de la Argentina en el escenario mundial.
NoticiasD
29 Octubre 2025