
La decisión de abandonar redes sociales como Instagram, Facebook o TikTok dejó de ser solo una elección personal y se convirtió en objeto de estudio para investigadores de todo el mundo. Universidades y especialistas en salud mental buscan entender cómo impacta en el bienestar emocional dejar de mirar, comparar y consumir contenido durante horas desde el celular.
Según relevamientos difundidos por la Universidad Nacional de Quilmes, la evidencia científica muestra que tomar distancia puede generar mejoras, aunque no siempre del mismo modo ni con la misma intensidad en todas las personas.
Un estudio de la Universidad de Stanford analizó el comportamiento de 35442 usuarios durante 2 experimentos realizados antes de las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2020. Los participantes desactivaron sus cuentas de redes durante 6 semanas o continuaron usándolas como grupo de control.
Los resultados mostraron mejoras leves pero concretas en indicadores de bienestar, que incluyen niveles de felicidad, ansiedad y depresión. En el caso de Facebook, el impacto resultó algo mayor, mientras que en Instagram también apareció, aunque con menor intensidad.
Sin embargo, el estudio detectó un fenómeno clave: muchas personas no redujeron el tiempo total frente a la pantalla. En lugar de desconectarse, migraron hacia otras plataformas como YouTube, lo que diluyó parte del efecto positivo.

Otra investigación de la Universidad de Bath evaluó una intervención más corta. Durante 7 días, un grupo de 154 personas dejó de usar redes sociales, mientras otro continuó con su rutina habitual.
Quienes realizaron la pausa reportaron mayor bienestar y menos síntomas de ansiedad y depresión. El dato sugiere que incluso un corte breve puede modificar el estado de ánimo y reducir el estrés asociado al uso constante.
Los especialistas advierten que no todas las experiencias son iguales. El impacto depende del vínculo que cada persona tiene con las redes: no es lo mismo un uso ocasional que una relación marcada por la necesidad constante de interacción y validación.
Las investigaciones también señalan que dejar las redes por completo no siempre mejora el bienestar. Estas plataformas cumplen funciones sociales relevantes: permiten sostener vínculos, compartir experiencias y participar de conversaciones cotidianas.
Un estudio publicado en JAMA Pediatrics, que analizó a 100991 adolescentes en Australia, encontró que el mayor bienestar se asocia con un uso moderado. En cambio, tanto el uso excesivo como la ausencia total se vincularon con peores indicadores en ciertos grupos.
Este enfoque cambia la pregunta: ya no se trata solo de cuánto tiempo se pasa en redes, sino de cómo se usan. Si el consumo se basa en la comparación constante o la ansiedad, reducirlo puede generar alivio. Si funciona como un espacio de conexión o comunidad, eliminarlo por completo puede provocar el efecto contrario.
En ese sentido, los especialistas coinciden en que el bienestar no mejora automáticamente al borrar una aplicación. El cambio aparece cuando la decisión logra cortar hábitos compulsivos y habilita una relación más equilibrada con la tecnología.
Con información de NA
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28 Abril 2026